


Margarita Cáceres expone aquí una obra instalativa definida como un micro taller compuesto por objetos formados con tierra, donde un artista puede habitar el vacío de manera lúdica. Esta contemplación pretende tributar esta sencilla materialidad para la inventiva humana sustentable, siendo tan accesible, dúctil y significativa que nos determina incluso vitalmente en lo práctico como en lo simbólico. Nuestro cuerpo está en correspondencia con este elemento.
Cuando decimos la palabra tierra, ésta resuena multidimensionalmente en la realidad. Valorar esta potencia arcana de la tierra no solo implica acciones de sustentabilidad, también nos lleva a una consciencia cosmogónica de lo sagrado que nos constituye, donde el arquetipo de la tierra es nuestra madre, nuestra fuente nutritiva y protectora. La metáfora de esta obra apunta a la posibilidad de rehabilitar en las artes contemporáneas lo artesanal como re-valorización de lo humano, en tanto es uno con la naturaleza.
La obra está compuesta por mini adoberas, bloques de adobe, recipientes de cerámica, tierra en bruto y el micro díptico “Otoño” realizada sobre una placa de barro revocada con tierra sobre atriles. Se concentra la artista en crear diversidad de texturas a partir de la tierra del territorio que habita, a través de las que comparte con el espectador una representación de su taller a escala, para ser observado desde la intimidad que proporciona la cercanía y la presencia. Junto a esto, el dispositivo expositivo indica un código QR para que el espectador escuche individualmente una capa sonora que contextualiza la obra con los sonidos matéricos en el tratamiento de la tierra.
Curadora Lucía Rey